Adicción Biológica que Causa Inflamación y Agota el Páncreas

El consumo excesivo de azúcar se ha normalizado en la dieta moderna, pero sus efectos van más allá del simple aumento de peso; funciona como un agente adictivo que genera un ciclo de dependencia con graves consecuencias biológicas. Un reciente análisis por parte de una experta en salud: Lisa Villanueva de «Chispuditos» (Producto que nace del Instituto Mathile que busca erradicar la desnutrición), donde profundizó en cómo este ingrediente, a menudo consumido de forma «invisible», está directamente relacionado con la inflamación crónica y el alarmante aumento de enfermedades metabólicas, como la diabetes tipo 2, en poblaciones cada vez más jóvenes.

Según Villanueva, el problema central es la potente respuesta hormonal que el azúcar desencadena. «Realmente el azúcar lo que estimula principalmente es una hormona que es la insulina», explicó. Esta hormona es necesaria para gestionar el azúcar en la sangre, pero su liberación masiva crea un ciclo de dependencia.

La experta explicó que el azúcar, especialmente en bebidas o alimentos procesados, genera picos de energía seguidos de caídas abruptas. Este «bajón» es provocado por la rápida liberación de insulina desde el páncreas, una hormona necesaria para sacar el azúcar de la sangre. El resultado es fatiga, irritabilidad y una necesidad física de consumir más azúcar para volver a sentirse enérgico, creando un «círculo vicioso».

A largo plazo, esta demanda constante agota al páncreas. El órgano se fatiga de tanto «trabajar en exceso» hasta que eventualmente ya no puede producir la insulina necesaria. Este es el origen de la diabetes tipo 2, una enfermedad adquirida por el estilo de vida, que se diferencia de la diabetes tipo 1, con la cual se nace por factores genéticos. Anteriormente considerada una «diabetes de la edad adulta», la tipo 2 ahora se diagnostica con frecuencia en jóvenes.

Pero el daño no se limita al páncreas. Villanueva advirtió que los niveles crónicamente altos de insulina son proinflamatorios. «Los niveles altos de insulina en el cuerpo van afectando otros órganos», afirmó. «Afectan el cerebro, o sea, causan como una inflamación en todo nuestro organismo». Esta inflamación sistémica es la base del síndrome metabólico, que vincula la obesidad, la hipertensión y los problemas cardíacos.

La raíz del problema, según Villanueva, a menudo se establece en la primera infancia. «Un niño se le da… azúcar, lo prueba y ya… a él le va a gustar», comentó. El problema es que este gusto temprano por lo dulce anula otros sabores. «Entonces si el niño prueba el azúcar y luego prueba sabores más… neutros como los las verduras… ya no le va a gustar, porque ya probó el azúcar».

Un punto clave es el rol de los padres en la formación de estos hábitos. Muchas veces, los padres sienten «culpa» al ofrecer alimentos sin endulzar, como un puré de manzana natural, pensando que es «insípido». Sin embargo, el paladar del niño es un lienzo en blanco que aceptará esos sabores si se presentan antes que el azúcar. Lo mismo aplica a las bebidas: es crucial acostumbrar al niño al agua pura antes de que conozca los jugos o refrescos.

Para los adultos que buscan reducir su consumo, las bebidas «dietéticas» o los sustitutos de azúcar no son una solución saludable. Aunque no contienen azúcar, estos edulcorantes artificiales suelen ser mucho más dulces, manteniendo al paladar «entrenado» para desear niveles extremos de dulzura. Esto, paradójicamente, puede aumentar los antojos de otros alimentos dulces y no ayuda a reeducar el gusto.

Lisa destacó que el azúcar proporciona «calorías vacías», es decir, energía sin ningún valor nutricional: ni vitaminas, ni minerales, ni proteínas. Las fuentes más problemáticas y «ocultas» de este azúcar son las bebidas. Un solo refresco puede contener 40 gramos de azúcar, y una bebida energizante puede llegar a 50 gramos, además de la cafeína, una combinación de alto riesgo para la salud cardíaca.

La experta también desmintió el mito de que comer sano es económicamente prohibitivo. «Yo creo que es totalmente un mito», declaró Villanueva. «Lo que consume es tiempo». Argumentó que la planificación y la preparación de alimentos frescos, aunque requieren más esfuerzo, son más económicos y nutritivos que los productos procesados.

Finalmente, Lisa Villanueva abogó por un enfoque de moderación y conciencia, más que de restricción total. «Yo estoy totalmente a favor de no ser radical», concluyó. Hizo un llamado a ser conscientes del «consumo de azúcar es muchas veces invisible», instando a las personas a priorizar alimentos naturales y nutritivos para romper el ciclo de la adicción y la inflamación.

La perspectiva científica de Lisa Villanueva sobre los peligros del azúcar se ve reforzada por el reciente reconocimiento otorgado a su organización. Su iniciativa, Chispuditos, que forma parte del Instituto Mathile para el Avance de la Nutrición Humana, fue galardonada con el prestigioso premio «Excelencia que Transforma» 2025. Este reconocimiento, otorgado por la Gremial de Alimentos y Bebidas (GREMAB) de la Cámara de Industria de Guatemala, destaca específicamente su trabajo en la categoría de «Nutrición Basada en Evidencia».

El premio celebra el impacto tangible de Chispuditos en la nutrición infantil en Guatemala, mejorando el desarrollo cognitivo y físico de miles de niños en etapas clave. Como Directora Operativa de la iniciativa, la propia Lisa María Villanueva expresó que el galardón reafirma su misión: “Recibir este reconocimiento reafirma nuestro compromiso de seguir trabajando con pasión y ciencia”. Esto demuestra un enfoque coherente que, por un lado, advierte sobre los riesgos nutricionales (como el azúcar) y, por otro, aplica activamente soluciones científicas para el bienestar infantil.