Guatemala avanza hacia 2026 con un escenario de estabilidad macroeconómica y crecimiento sostenido. Las proyecciones oficiales estiman una expansión del Producto Interno Bruto (PIB) del 4.1%, cifra superior al promedio regional y respaldada por un entorno de baja inflación, tipo de cambio estable y una combinación de factores internos y externos que mantienen el dinamismo económico.
El contexto macroeconómico actual refleja una inflación ubicada incluso por debajo del límite inferior de la meta establecida por las autoridades monetarias, lo que ha permitido preservar el poder adquisitivo y generar certidumbre para la inversión. A esto se suma un tipo de cambio estable, que se ha mantenido en un rango cercano a Q7.65 por dólar, favoreciendo la planificación financiera de empresas y consumidores.
En el frente comercial, las perspectivas apuntan a un crecimiento de las exportaciones cercano al 6% y de las importaciones alrededor del 7% para 2026. Este comportamiento responde tanto a la recuperación gradual de mercados internacionales como al fortalecimiento de la demanda interna, impulsada por el consumo y la inversión.

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Uno de los motores clave de la economía continúa siendo el flujo de remesas familiares. Aunque se prevé una desaceleración en su tasa de crecimiento —pasando de niveles cercanos al 16% a un rango estimado entre 5% y 6%—, el monto total seguirá alcanzando cifras históricas, lo que mantiene su impacto positivo sobre el consumo, el ahorro y la estabilidad del sistema financiero.
Este fenómeno se explica, en parte, por el incremento en los montos individuales enviados por los guatemaltecos en el exterior, aun cuando la migración neta hacia Estados Unidos muestra una tendencia negativa. En términos absolutos, las remesas continúan generando un excedente de divisas que presiona a la apreciación del quetzal, situación que es monitoreada activamente por el Banco de Guatemala.
En el ámbito monetario, la autoridad central mantiene herramientas para mitigar la volatilidad cambiaria y preservar el equilibrio del sector externo. La gestión prudente del mercado cambiario ha sido clave para evitar distorsiones que puedan afectar la competitividad de las exportaciones o la estabilidad financiera.
Sin embargo, el principal punto de tensión se encuentra en el plano fiscal. La aprobación y ejecución de un presupuesto fortalecido para 2026 es un desafío central, ya que de ello depende la capacidad del Estado para impulsar inversión pública estratégica, especialmente en infraestructura. La ausencia de un presupuesto aprobado limitaría el efecto multiplicador del gasto público sobre la economía.

Desde la perspectiva de la administración pública, el presupuesto no solo representa un instrumento financiero, sino una herramienta esencial de transparencia y rendición de cuentas. Una ejecución eficiente y focalizada del gasto permitiría mejorar la movilidad, reducir costos logísticos y fortalecer la competitividad territorial, con impactos directos en el empleo y la actividad económica departamental.
Las autoridades financieras han reiterado su compromiso con la calidad del gasto y con una política fiscal responsable, orientada a complementar el crecimiento del sector privado. La inversión en infraestructura se perfila como un eje estratégico para sostener el crecimiento proyectado y ampliar sus beneficios a distintos sectores productivos.
En conjunto, el panorama económico de Guatemala hacia 2026 combina estabilidad, oportunidades y desafíos estructurales. La materialización del crecimiento del 4.1% dependerá no solo de factores externos favorables, sino de decisiones internas clave en materia fiscal, institucional y de gobernanza, que permitan traducir los indicadores macroeconómicos en desarrollo sostenible y bienestar para la población.